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portada leyenda lume de biqueira

 Todos los seres mágicos – brujas, duendes, demonios,…-han buscado siempre lugares adecuados para desarrollar sus mágicas artes. Ver sin ser visto, sorprender sin ser sorprendido, la magia negra, echar mal de ojo, los aquelarres o cometer impúdicos actos, requieren de lugares donde la presencia humana sea esporádica y sus núcleos de población se encuentren dispersos. Así, estos seres han tendido siempre a refugiarse en la espesura de bosques, esos bosques de todo el noroeste de la vieja Europa que la bruma abraza durante muchas horas al día.

Galicia es tierra de brujas por excelencia. Las mouras y mouros, míticos habitantes de castros, acumuladores de tesoros. Esas fadas que los días de fuerte temporal atraen fatalmente con su canto a los barcos hacia las rompientes en A Costa da Morte. Bruxas y meigas, organizadoras de aquelarres en algún calvero y responsables, con sus malas artes, de las desgracias personales y colectivas de las buenas gentes.

Los duendes, trasnos, responsables a veces de simples travesuras o apariciones, pero acusados otras de, incluso, fornicadores (muchas mozas solteras justifican su preñez ante sus padres por el asalto de trasnos en algún tortuoso sendero). El Demo, Lucifer, al que muchos dicen haberse encontrado entre las brumas (cuentan la historia de un paisano al que un vecino encontró de buena mañana aterrorizado, sin atreverse a mover, con la capa enganchada por un zarzal. Cuando el vecino le preguntó por su situación, aquél, con el último hálito de vida que le quedaba antes de morir de miedo, le dijo que durante toda la noche el Demo le había retenido enganchando su capa con sus garras. El vecino transmitió la historia según la recibió). Los lobishomes, hombres de día y animales de noche. Y la Santa Compaña, la procesión de almas en pena que vaga noctámbula por los bosques tañendo pequeñas campanas y que, de sorprender a un mortal, obligará a éste a acompañarles en su penoso tránsito.

 

Son los gallegos, como todos los habitantes de este mundo, personas cuyo carácter colectivo se ha forjado con las circunstancias de su tierra. Así la bruma y la lluvia hah modelado una forma de ser reservada, conservadora, con tendencia a la melancolía y resignadamente pesimista. El verdor de sus prados y el encanto de sus rías han originado el acento más entrañable con el que pueda pronunciarse idioma alguno. Y también así, su convecindad con tantos seres mágicos, en los que nadie cree, pero que todos saben que están ahí, han hecho de este pueblo un pueblo supersticioso que ha debido buscarse sus propios recursos para contrarrestar las mágicas amenazas que constantemente se ciernes sobre sus cabezas. Las mujeres se refugian en sus creencias religiosas y tratan de ahuyentar los malos espíritus encomendándose a todos los Santos de la Cristiandad, pero dejar el día a día en manos de tan altas instancias es algo que no siempre resulta práctico, por lo que en el devenir del tiempo la gente ha ido encontrando sus propios y sencillos remedios para espantar no se sabe bien si a los mágicos seres o a su propio miedo. Así, dicen que el sonido del chiflo del afilador es un eficaz auyentador de los malignos habitantes de los bosques de Ourense. También dicen que el sonido de las gaitas espanta a los malos espíritus (esto debe ser cierto pues en todos los lugares en que la abundancia de seres mágicos es reconocida – Irlanda, Escocia, Asturias,…- la gaita es el instrumento tradicional). O la queimada, mágica bebida que después de haber sido conjurada e ingerida en abundancia – esto último es importante- protege al bebedor de todo tipo de apariciones. Y la LUME DE BIQUEIRA, el fuego de la puntera, las chispas que, contra las piedras del camino, hacían los herrajes que reforzaban la punta del antiguo calzado rural.

Dice este pasaje de un antiguo cuento:

“…E OÍNDOSE XA LONXE O SON DAS GAITAS, TORNAN OS MOZOS POLAS CORREDOIRAS FACENDO CHISPAS, MUXICAS, LUME CO FERRAXE DAS BIQUEIRAS DAS GALOCHAS CONTRA AS PEDRAS DO CAMIÑO PARA ESPANTAR MOURAS, BRUXAS, MEIGAS, TRASNOS E OUTROS DEMOS”.

The passage of an old tale says (in Galician):

“…E OÍNDOSE XA LONXE O SON DAS GAITAS, TORNAN OS MOZOS POLAS CORREDOIRAS FACENDO CHISPAS, MUXICAS, LUME CO FERRAXE DAS BIQUEIRAS DAS GALOCHAS CONTRA AS PEDRAS DO CAMIÑO PARA ESPANTAR MOURAS, BRUXAS, MEIGAS, TRASNOS E OUTROS DEMOS”.

© Fernando Molpeceres